Wednesday, 13 November 2013

BRAINSTORM (1983) WEB SITE

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Everyone knows this was Natalie Wood's last film, and that some of her scenes were filmed after her death with a stand-in you only see from behind. Director Donald Trumball, best known for his special effects work in Blade Runner, Close Enounters, and Star Trek, chose this time to build his story on plot and character development, a good choice given the enormous talent he had to work with. Trumball's battle with studio execs to finish the film after Wood's death, rather than claim the insurance proceeds and call the film off, ended his career in Hollywood, but assured that this gem would not be lost. It is somewhat ironic that Natalie's swan song should be a sci-fi movie, since she was hardly known for work in the genre, but she brings a grace and charm, as well as depth and beauty, to the genre that is usually lacking.

Most sci-fi films based on technology don't age well, and there are times where this is no exception. The idea of recording on tape, let alone making tape loops, must seem like wax cylinder recordings to today's MP3 generation. The tapes themselves were props borrowed from a film being shot nearby, and that film was itself a dismal failure. But the concept is timeless, and so well done that, all in all, the film still works as well as it did in 1983.

Lesser screenplays would have been content with the main story line; scientists invent a way to record brainwaves and play them back for a real life out of body experience, and for just such a stinker, check out Strange Days. But then along comes the incomparable, utterly fabulous Louise Fletcher, who, as one of the co-inventors of the aforementioned device, records her death when she suffers a heart attack while working late one night. For the rest of the film, people are either trying to play the tape or prevent others from playing it. Meanwhile, the technology gets hijacked by two-dimensional government lackeys trying to exploit the weapons potential of the invention.

One can easily pick out scenes of this movie to vilify or exalt, all these years later, and any object viewed over time eventually has a vanishing point. The almost slapstick scene where the assembly robots go berserk is one example of a scene that, while consistent with its contemporaries, is silly today. The death scene, though much maligned, is equally misunderstood, and provides the metaphysical underpinnings that elevate Brainstorm above mere gadget flicks. Brainstorm is about exploring experience, life, love, even death, from the point of view of others, and Academy Award winner Louise Fletcher allows us to do so through her consummate skill in presenting a death scene of sufficient awe and wonder to warrant exploration.

If you want to find out what else happens, watch the film, but when you do, don't ignore the beautiful, delicate interplay between Christopher Walken and Natalie Wood. Their careening relationship seems somehow tied to the invention they helped make, and there are sequences so beautiful that I sometimes take out the DVD just to marvel at them.

Despite changing styles in special effects, this is a timeless and beautiful story that transcends the genre and, with Walken, Wood and Fletcher, becomes more than just a story about shiny gold tapes that record brain waves. It's more about immovable objects and irresistible forces and what happens when they collide. Intrigued? Good. Go watch it.

 

 Critica en el periodico "La Vanguardia" (18-4-1984)
El cine no deja de especular con el inmediato futuro, que posiblemente se este fraguando ahora mismo en unos laboratorios tan fríos, asépticos y atomizados como los que muestra "Proyecto Brainstorm". Al margen de que el género de anticipación vuelva a venderse bien, en una taquilla que engorda gracias a las pesadillas del hombre moderno, el cine, a lo largo de su historia, siempre ha querido descifrarnos el futuro, aprovechando su capacidad para la imaginaria visual. "Proyecto Brainstorm" es un filme especulativo, pero no exclusivamente de ciencia-ficción. De la misma manera que no es sólo la película póstuma de Natalie Wood, una baza que tampoco le ha servido del desastre económico en el mercado norteamericano. su autor Douglas Trumbull, es un maestro en los efectos especiales. Formó parte del numeroso equipo que Stanley Kubrick, tuvo a su servicio en "2001, una odisea del espacio", y después ha colaborado decisivamente en películas como "Encuentros en la tercera fase", "Star Trek" y "Blade Runner", sin olvidar su participación en aquella pequeña maravilla de Robert Wise titulada "La venganza de Andrómena". Trumbull debutó en la dirección cinematográfica con "Naves Misteriosas" (1972), película de ciencia-ficción de serie B, a la que el paso del tiempo, se ha encargado de revalorizar. Su retorno a la dirección en "Proyecto Brainstorm", bajo la égida de la poderosa MGM, no ha sido muy estimulante para él. Al morir Natalie Wood en noviembre de 1981, cuando sólo le quedaban por interpretar algunas secuencias, sin excesivo relieve, la Metro quiso cancelar la producción y detuvo el rodaje. La posterior participación económica de Lloyds of London, que había asegurado el filme, permitió su finalización. De cualquier modo, Trumbull se ha negado después a promover la película, de ahí que no estuviera en el último "Imagfic" de Madrid, donde "Proyecto Brainstorm" clausuró el certamen, siendo sustituida su visita por la actriz Louise Fletcher. "Proyecto Brainstorm" describe la invención, por parte de un grupo de científicos, de un ingenio grabador, capaz de registrar las zonas más ocultas del cerebro humano, y transmitir sus sensaciones y vivencias a otras personas. El caudal de conocimientos, las experiencias e incluso la propia agonía de una persona, pueden ser "vividos" por otro individuo, cuantas veces quiera. Sólo hace falta ponerle el "cassette"... Es un viaje al interior de la mente humana, donde nada, ni lo más intimo o recóndito, puede quedar oculto. Trumbull mantiene a menudo una mirada irónica, porque esa posibilidad de grabar y revivir las sensaciones, pensamientos y experiencias del ser humano, no puede sino al control total, la manipulación de las conciencias. El equipo de científicos inventor del proyecto es revelado y éste pasa a manos del Ejército. El mensaje resulta preocupante: nada nuestro quedará a salvo; todo es manipulable, incluso nuestros pensamientos. Sin embargo, la película de Trumbull no se limita a mostrarnos el siempre estéril combate entre buenos y malos. Los científicos viven voluntariamente retirados en unos complejos ultramodernos, donde la fundación para la que trabajan dispone de todo su tiempo, sus conocimientos y su intimidad. Cuando los intereses militares hacen que el proyecto se les quite de las manos, el filme se adapta a un patrón más maniqueo. Claro que entonces Trumbull parece sentir un goce nada oculto en destruir los "maravillosos avances" mostrados. Asistimos a la sistemática destrucción de la fábrica automizada de "Tiempos modernos", convincentemente actualizada en nuestra era electrónica. La rebelión incruenta de los robots deviene en anarquía. Trumbull recurre al humor destructivo como remedio contra la pesadilla de una sociedad que ya no respeta nuestros sueños y pensamientos. Natalie Wood tenía hasta cierto punto un papel secundario en el filme. El peso interpretativo de "Proyecto Brainstorm" recae casi siempre en los excelentes Christopher Walken y Louise Fletcher. Pero Natalie y su carácter de figura de porcelana hecha añicos, no puede menos que conmovernos. LLUIS BONET MOJICA.


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